final

[caca]

Hoy me apetecía gramaticar palabras una detrás de otra, incluso inventármelas. Y como ya decidimos, jugando aquí y allá, que este entorno web se debía convertir en herramienta y casi en terapia, se me ha plantado en los adentros hacer una entrada de esas con referencias a escritores serios y parafernalia visual, que sino no engancha, para meter mierda, empezando por uno mismo.

(un párrafo–>un espectáculo)

¡rumbalarumbarumbala! ¡Ay Carmela la arquitecta!  La endogamia es que tiene un filo casi triple. Prepotencia, ignorancia y desprecio. Uno acaba por pensar que la opinión propia es valida, cuando a lo mejor no vale más que para ponerla en la pagina web de uno y si es de incógnito mejor. El problema llega cuando ésta se convierte en problemas en el estar, aunque sea solo por el colirio, de otros. Hay un camino lleno de renuncies y egos por el suelo, que no esta reñido con competencias legales sino con procesos de vida y que es muy inspirador, y amarillo y verde, y morboso, y lleno de tetas, pollas y culos.

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Claro y luego llega el maldito espectáculo y nos manda a todos a la mierda, molestándonos por supuesto. Y nos hace escribir como hablamos en una enagüilla, como no se debe hablar cuando alguien te lee [¿?], pero en vez de agarrarlo con su caos, su plástico fundido y su todo, nos revolvemos en las trincheras, allí donde se confunde el derecho con las ganas de reír.

los periodistas tienen derecho a tomarse a broma su herramienta profesional. Un general, por ejemplo, no tiene derecho a gastar bromas a la cabeza de sus tropas, ni  tampoco un juez cuando pronuncia sus sentencias, y ni siquiera sé si todavía le esta permitido hacerlo, en el sentido estricto de la palabra, al responsable de una central nuclear cuando da a conocer sus directivas. Pero está literalmente fuera de duda que a un periodista no se le puede privar de ese derecho. Se trata de un asalariado muy especial, que no recibe ordenes de nadie, y que lo sabe todo a cerca de todos los temas de los que quiera hablar. Es literalmente portador de toda la conciencia de la época en función de su deontología, a la que no podría traicionar sin una repugnante conclusión: Si no tuviera derecho a gastar bromas, ¿qué sería de la libertad de presa y, por consiguiente, de la propia democracia?

Guy Debord

Captura4

 

A lo mejor es eso. Que no tengo una opinión muy positiva sobre las disciplinas multicereales. Cierto es que en discusiones sin fundamento, de esas buenas, me he sentido poco deseado por generalizar…pero ¡joder! (aquí me planto/ó)

 

Como cagar corchetes en la puerta de un sastre. [-]

Mi madre

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