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D.E.P. COMANDANTE

Ha llegado el momento de rendir homenaje al hombre que volvió “visibles” a los negros e indios de Venezuela y sembró las semillas para la lucha por la justicia social en un continente. Pese a ser demonizado en nuestro mundo occidental, muchas “demomierdas” de aquí deban de tomar ejemplo.

Dictador o no dictador, en un tiempo de crisis democrática, Hugo fue un ejemplo de lucha por la justicia social plantando frente a la tiranía de unos pocos pero poderosos.

Aquí os dejo el documental “La Revolución no será transmitida” que trata sobre la insurrección que derrotó al golpe de Estado contra el presidente Chávez, es un documental irlandés que revela los momentos más dramáticos del proceso revolucionario bolivariano.

 

 

 

Aquí un articulo de  Greg Palast. Palast se reunió varias veces con Hugo Chávez, para la BBC.:

En 2005, el reverendo Pat Robertson, canalizando la frustración del departamento de estado de George W Bush, dijo: “Hugo Chávez piensa que estamos intentando asesinarlo. Creo que deberíamos hacerlo”.

A pesar de que Bush dio información, fondos e incluso una nota de felicitación al equipo que secuestró a Chávez (ya llegaremos a esto), Hugo permaneció en el gobierno, fue reelegido y siguió siendo extremadamente popular.

¿Pero por qué todo este odio, odio, ODIO del equipo de Bush hacia el presidente de Venezuela?

El reverendo Pat fue directo en su respuesta: es por el petróleo.

“Éste es un enemigo peligroso que tenemos al sur y que controla importantes reservas de petróleo”.

Una GIGANTESCA reserva de petróleo. Según Guy Caruso, ex director de inteligencia petrolera para la CIA, Venezuela tiene una reserva de 1.36 billones de barriles recuperables; mucho mas que Arabía Saudi.

Si no matamos a Chávez, tendremos que repetir “Irak” en su país. Así que el reverendo sugiere: “No necesitamos otra guerra de 200.000 millones de dólares… Es mucho más fácil mandar a uno de nuestros agentes especiales a que haga el trabajo”.

Chávez me dijo que estaba sorprendido por los ataques de Bush: Chávez había tenido una relación cordial con Bush padre y Bill Clinton.
¿Qué hizo que Chávez se convirtiera en “un enemigo peligroso”? Justo después de la investidura de Bush en 2001, el congreso de Chávez aprobó una nueva “Ley de Hidrocarburos”. Exxon, British Petroleum, Shell Oil y Chevron se quedarían con el 70% de las ganancias del crudo extraído de Venezuela. Nada mal, teniendo en cuenta que el precio del petróleo se aproximaba a los 100 dólares por barril.

Pero para las compañías petroleras, que habían forzado al gobierno anterior a que les diera el 84%, un recorte al 70% era “no bueno”. Peor aún, Venezuela cobraba apenas un 1% de regalías sobre el crudo “pesado” del Orinoco. Chávez informó a Exxon y compañía que ahora tendrían que pagar 16.6 por ciento.

Evidentemente, Chávez había aprendido una lección sobre la manera de hacer negocios con las grandes petroleras.

El 11 de abril de 2002, el presidente Chávez fue secuestrado a punta de pistola y llevado a una prisión en una isla en el Caribe. El 12 de abril, Pedro Carmona, un compañero de negocios de las petroleras estadounidenses y presidente de la Cámara de Comercio del país, se declaró presidente de Venezuela, acto que redefinió el término “absorción corporativa”.

El embajador estadounidense, Charles Shapiro, bajó rápidamente de la embajada en la colina para hacerse la foto con el “presidente” autoproclamado y los líderes del golpe de estado.

El portavoz de la Casa Blanca admitió que Chávez había sido “elegido democráticamente”, pero agregó: “La legitimidad es algo que no confiere una mayoría de votos” Ya veo.

Ante un ejército de ciudadanos enfurecidos y armados camino al palacio presidencial en Caracas, listos para colgar a los responsable del golpe, Carmona, el “presidente” de Exxon, devolvió a Chávez a su escritorio en 48 horas. (¿Cómo? Hazte con The Assassination of Hugo Chavez, la película que habla sobre mis reportajes para la BBC. Podrás descargarla gratis aquí durante los siguientes días).

Chávez había provocado el golpe no sólo cobrando más royalties a las compañías petroleras. Fue lo que hizo con ese dinero lo que llevó al 1% venezolano a rebelarse.

En Caracas, me encontré con la reportera de un canal de televisión a cuyo dueño se le suele atribuir la planeación del golpe de estado. Durante una sesión de fotos publicitaria, acostada en un árbol y enseñando las piernas casi hasta donde éstas se juntan, la reportera apunta hacia los “ranchos”, los barrios pobres de Caracas, donde las chozas, antes hechas de cartón y aluminio, se estaban transformando en casas de cemento.

“Él [Chávez] les da pan y ladrillos, así que votan por él”. Ella sentía repulsión por “ellos”, el 80% de los venezolanos que son negros e indios; y pobres. Chávez, negro e indio, había quitado, por primera vez en la historia de Venezuela, la riqueza del petróleo de manos de la clase privilegiada, quienes se hacen llamar “españoles”, para entregársela a las masas de hombres oscuros.

Mientras caminaba por los barrios pobres de Caracas, me encontré con un local, Arturo Quiran, un comerciante que no siente tanto amor por Chávez. Pero mientras nos tomábamos una cerveza en su cocina, me dijo: “Hace 15 años bajo [el entonces presidente] Carlos Andrés Pérez, había mucho dinero del petróleo en Venezuela. El ‘boom petrolero’ lo llamábamos. Aquí en Venezuela había mucho dinero, pero no lo veíamos”.

Entonces llegó Hugo Chávez, y ahora los pobres en su vecindario, me dijo, “reciben atención médica, cirugías gratuitas, rayos X, medicinas; también educación. Personas que no sabían escribir ahora pueden firmar sus papeles”.

Estos actos de Robin Hoodescos, como dar el dinero de los ricos a los pobres, quizás habrían sido tolerados, aunque resentidos, por Estados Unidos. Pero Chávez, quien me dijo: “Ya no somos una colonia petrolera”, fue mucho más lejos… demasiado lejos ante los ojos de la élite corporativa en Estados Unidos.

Venezuela tenía millones de ciudadanos sin tierra; y millones de hectáreas sin usarse en las que una pequeña élite tenía sus plantaciones. El congreso de Chávez aprobó una ley en 2001 la cual dictaba que todo pedazo de tierra cultivable debía venderse. Era un programa prometido desde hace tiempo por los políticos venezolanos, a petición de John F Kennedy como parte de su “Alianza por el Progreso”.

A la corporación Heinz, dueña de una plantación, esto no le sentó nada bien. En respuesta, Heinz cerró su fábrica de ketchup en el estado de Maturín y despidió a todos sus empleados. Chávez nacionalizó la planta de Heinz y devolvió a la gente su trabajo. Chávez no se dio cuenta que acababa de moler los tomates de la poderosa familia Heinz y el esposo de la Sra. Heinz, el senador John Kerry, ahora secretario de estado.

Aunque, conociendo a Chávez, más bien no le importó una mierda.

Chávez podía sobrevivir a lo del ketchup, la “presidencia” de Exxon, e incluso arrancarle sus ganancias a las grandes petroleras, pero puso a prueba la paciencia de los multimillonarios menos agradables de Estados Unidos: la familia Koch.

Los presidentes electos que molestan a las grandes petroleras terminan exiliados… o muertos: Mossadegh de Irán tras nacionalizar los campos de BP (1953), Elchibey, presidente de Azerbaiyán, después de negarse a entregar sus campos petroleros en el Mar Caspio a BP (1993), el presidente Alfredo Palacio de Ecuador tras revocar la concesión de perforación a Occidente (2005).

“Es un juego de ajedrez, Sr. Palast”, me dijo Chávez, mientras me mostraba la larga y filosa espada de Simón Bolívar, el Gran Libertador. “Y yo soy un excelente ajedrecista”, aseguró.

En la película El Séptimo Sello, un caballero medieval apuesta su vida en un juego de ajedrez con la Muerte. Por supuesto, la Muerte hace trampa y se lleva al caballero. Ningún mortal puede vencer por siempre a la Muerte, la cual, hace dos días, dio jaque mate al nuevo Bolívar de Venezuela.

Pero el maestro bolivariano ejecutó una movida brillante antes de caer, nombrando al vicepresidente Nicolás Maduro, un hombre tan bueno y decente como se puede, como heredero de su lucha por aquellos en los “ranchos”. El 1% en Venezuela, quienes esperan que la muerte de Chávez les devuelva el poder y sus riquezas, están atónitos por la nominación de Maduro.

Chávez envió a Maduro a una junta conmigo en mi oficina en Nueva York en 2004. Durante nuestra conversación en la Segunda Avenida, Maduro y yo intercambiamos información sobre planes de asesinato y políticas petroleras.

Incluso desde aquel año, Chávez se preparaba para el día en el que los negros e indios venezolanos perdieran a su rey, pero sin dejar de estar en el juego.

Una guerra de clases en un tablero de ajedrez. Ni siquiera muerto apostaría contra Chávez.

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