Los Vagones de Barrio Olímpico

A partir de los procesos compartidos entre el proyecto de Memorias Barriales y consultorías independientes de colegas arqueólogos para la Secretaria de Derechos Humanos y la Asociación Civil «Ágora, Identidad, Derechos Humanos y Memoria Canaria», estas dos últimas principales impulsoras del movimiento por la marcación e investigación de los centros clandestinos en la ciudad de Canelones (Uruguay), se constituyó un equipo de trabajo al que se nos encargó – mediante llamado público – un informe de anteproyecto arquitectónico y museográfico para el Sitio de Memoria de «Los Vagones de Barrio Olímpico». 

Equipo Arqueología: Carlos Marín, Diego Aguirrezábal, Cristina Cancela y Nicolás Gazzán
Equipo Arquitectura: Natalia Díaz y Alberto de Austria
Museología: Jimena Blasco

En paralelo al desarrollo de estos informes, el equipo de arqueología estuvo llevando a cabo excavaciones con metodologías estratigráficas y prospecciones visuales que les permitieran dar cuenta de las distintas etapas de funcionamiento del espacio, previas y posteriores también al rango temporal como centro clandestino, principal fuente de búsqueda. Sus propuestas y hallazgos fueron puestas en diálogo con la mesa de proyección a futuro lo que resignifico el sentido y el diseño del museo a cielo abierto. A su vez las miradas desde la disciplina arquitectónica, pudieron también completar el relato de lo oculto bajo la tierra y las humedades de los muros. Las prácticas colectivas llevadas a cabo por el equipo permitió integrar cierto saber comunitario proveniente del testimonio directo, de la voz de secuestradxs y familiares y de las personas vinculadas a la Secretaria de DDHH, Ágora y la Intendencia de Canelones.

Aunque con algunas torpezas y prisas, el proyecto del Sitio de Memoria de Los Vagones de Barrio Olímpico se presentó en escena como una pica comunitaria e interdisciplinaria, hiperdocumentada y abierta a la colectividad que lo reclamaba. Estos reclamos activaron un proceso para la ejecución de un proyecto único para el Uruguay, desde la sociedad civil en un contexto excluyente por momentos de institucionalización de la Memoria, desde el Interior en un relato de resistencia por lo general mayoritariamente montevideano, de acompañamiento abierto de ida y vuelta de profesionales comprometidos con el proceso, en una escena hegemónica que deliberadamente sectoriza competencias, y en el marco de la arquitectura recurre al concurso por el monumento más emotivo.

Los textos e imágenes que aparecen en esta página forman parte de los documentos que se entregaron a Ágora como soporte para sus luchas por la memoria, apostando en el campo material por un proyecto de preservación y puesta en valor. Después de su declaratoria como Sitio de Memoria el 6 de noviembre de 2019, hoy el proyecto sigue su curso y está en el albor de cerrar su financiación. Como corolario pero no menos importante, este modesto aporte ha servido para reforzar la denuncia por delitos de lesa humanidad que está permitiendo por primera vez la apertura de un juicio oral para los torturadores en el caso de los vagones. 

Investigaciones históricas llevadas adelante por la Asociación Ágora, permitieron recabar información sobre la operativa de los centros de detención y tortura vinculados a la ciudad de Canelones (Uruguay), a través del testimonio de personas que estuvieron detenidas en estos lugares pero también a través de los trabajos arqueológicos realizados en los que se pudo constatar la existencia de las construcciones que se relataron en los testimonios. Por medio de estas investigaciones se ha logrado conocer los objetivos y el proceder represivo, así como la coordinación entre las diversas fuerzas que actuaron. 
 
La persecución en el departamento de Canelones se concentró inicialmente hacia los trabajadores de frigoríficos y de otros centros laborales de la zona extendiéndose posteriormente a numerosas detenciones por motivos políticos. (…) A principios del año 1975 se llevó adelante la “Operación Trabajo” que estuvo dirigida a detener a militantes de la Unión de Juventudes Comunistas y del Partido Comunista que planificaban la conmemoración del día de los trabajadores. Este operativo culminó con decenas de personas detenidas resultado de una pormenorizada preparación y un posterior despliegue represivo que se erigió en el antecedente temporal y represivo de lo que luego fue la Operación Morgan, que se inició en octubre de ese mismo año. Las personas eran encerradas en vagones los que fueron utilizados sucesivamente primero en la ex Fuerza de Choque y posteriormente en el Barrio Olímpico, aunque se ha podido determinar que, durante algunos meses, entre los años 1975 y 1976, un vagón que fue devuelto a la ex Fuerza de Choque fue utilizado allí como “depósito” transitorio. Las investigaciones llevadas adelante han permitido identificar unas setenta personas como víctimas directas de estos centros represivos, número que se ha ido incrementando con el avance de las investigaciones.
Resolución nro. 15/2019, Comisión Honoraria de Sitios de Memoria
Las directrices marcadas tanto por la normativa internacional como nacional en cuanto a los Sitios de Memoria vinculados al terrorismo de estado y los crímenes de lesa humanidad ocurridos durante la dictadura cívico-militar, nos presenta una situación de doble función: de musealizar o poner en valor unos restos arquitectónicos como Sitio de Memoria, garantizando la transmisión intergeneracional de los hechos allí acaecidos; de mantener las materialidades que potencialmente puedan ser investigadas como pruebas de los delitos de lesa humanidad allí cometidos. Todo esto condiciona la propuesta museográfica y el anteproyecto arquitectónico y los vincula en un mismo escenario que se fundamenta en la difusión de los hechos allí ocurridos, haciendo las cosas públicas mediante una recorrido potenciado ad hoc; en la apropiación del espacio tanto por el barrio, como por la comunidad local, llegando hasta el público internacional; en la accesibilidad, para dar a conocer y socializar este Sitio de Memoria a todo tipo de públicos; en la conservación, asegurando que estos restos puedan llegar a futuras generaciones; y en la reversibilidad, donde todas las intervenciones para consolidar y poner en valor los restos puedan ser desmontadas dejando las materialidades de origen como pruebas judiciales que potencialmente puedan seguir siendo investigadas en futuras intervenciones forenses.

 

El diseño de intervención se desarrolló a partir de diversos procesos de participación, y fue evolucionando desde una primera necesidad inmediata de conservación hacia un complemento de potenciación simbólica. Se establece por tanto en el intento de esta propuesta una comunión entre función y emoción. En una musealización in situ el desarrollo expositivo de las materialidades involucradas se puede definir desde la propia materialidad arquitectónica intervenida en las excavaciones arqueológicas, emplazada en su lugar de origen, y al aire libre, siendo estas huellas el mismo objeto del discurso expositivo (Desvallées y Mairesse, 2010). Como ocurre en este caso, en una propuesta de musealización in situ, más aún por tratarse de un sitio arqueológico e histórico a ser conservado en el propio lugar donde fue creado y utilizado, no se desplazarán del lugar los bienes culturales materiales (Desvallées y Mairesse, 2010; Hernández Hernández 2007).

La materialidad expuesta pretendemos sea entendida en sí misma como un instrumento de difusión a través de su conceptualización, interpretación, diseño y organización (Alonso Fernández y García Fernández 2010). En este sentido, el proyecto arquitectónico y la museografía nos permiten una comunicación amplificada entre visitantes y objetos a través de la puesta en escena de la historia y sus volúmenes ahora esqueletos artificiales de otro tiempo. Se plantea un recorrido guionizado que nos sumerja en un estado de experimentación, sirviéndonos de los objetos (inmuebles) y las herramientas arquitectónicas en un juego de contención y atravesamiento, siempre en toda instancia apoyados por el diseño museográfico para su consolidación discursiva (Dever Restrepo y Carrizosa 2009).

El proyecto de arquitectura del Sitio de Memoria se propone como potencial desde distintos enfoques:

1. Como Sitio de Memoria: dentro de la coyuntura represiva de Canelones, como parte de la Región Militar nº 1, en el marco nacional de la Operación Morgan e internacional del Plan Cóndor a partir de noviembre de 1975.

2. Como agente barrial: dentro de un recorrido reconocible memorialístico junto al resto de espacios represivos en Canelones, incorporando miradas de relación y resignificación conjunta en el trabajo con los vecinos de sus contextos más próximos.

3. Como proceso de trabajo: un proceso abierto hacia un proyecto arquitectónico desde la apropiación colectiva y la interdisciplinariedad. A través de su documentación exhaustiva también se presenta público para su análisis crítico.

Sitio de Memoria

La memoria es un fenómeno social que involucra tanto la representación del pasado como las prácticas por las cuales se construye esa representación (Vásquez, 2001). En este sentido la forma y representación en sí mismas no constituyen una política, su organización y su modo de producción por el contrario, sí lo hacen. Las relaciones entre forma y función en este tipo de arquitectura son complejas, debido a las relaciones que vinculan entre sí sus límites, físicos o no, usos y emociones remanentes. En ese sentido se recomienda un equilibrio entre redundancia y novedad formal, para poder establecer los diálogos apropiados entre identidad recuperada y sustentabilidad a futuro. La redundancia es lo que nos permitirá reconocer la memoria del edificio y la novedad nos ampliará su campo de significado (Calduch, 2001). El trabajo sobre la espacialidad del Sitio de Memoria explorará estos límites, aflorando su carga emocional a través de una arquitectura experiencial con un alto grado escenográfico en sus intenciones, en el tratamiento de sus volúmenes y en sus relaciones con el barrio, en una suerte de modelo de anastilosis expresiva. Una escena de reconocimiento de los espacios en lucha, otrora represivos y ahora resignificados como lugares de resistencia por acción de la sociedad civil (Mesa de Trabajo de Sitios de Memorias – Chile, 2017) (Horkheimer y Adorno, 2003).

Se planteó una hipótesis radical de partida que recuperase la espacialidad iconográfica de la etapa por la que este conjunto se reclama como Sitio de Memoria. Reincorporar los volúmenes de los vagones y de las estructuras más representativas del Centro Clandestino en un vilo simbólico sobre las materialidades presentes de las excavaciones arqueológicas. Conforme se avanzaba en esta hipótesis y en diálogo constante con los agentes sociales, los vagones como objetos contenidos se fueron deconstruyendo para un nuevo destino, rescatando sus máximos expresivos en sus mínimos volumétricos. Una estructura metálica, exenta, oxidada, dispuesta a envejecer a partir de una nueva identidad ampliada, soporte de apertura e información, atravesable para el encuentro y la reflexión.

Los Vagones se vuelven así las principales pieza de resignificación, configurando esta parte del conjunto a partir de sus recorridos, lugares de reunión y sistema de fachadas. Este gesto formal permite entender cada volumen como espacio acotado y a su vez al conjunto como un todo descompuesto en sus 4 líneas estructurales soporte de una serie de bastidores que en su composición nos aporten nuevas perspectivas históricas. La fachada general mantiene su imagen a partir de un juego escenográfico de planos superpuestos, permitiendo la perspectiva exterior asentada en la memoria colectiva como un alzado continuo, cerrado e inexpugnable, que se transforma desfragmentado conforme nos aproximamos e interactuamos con el sitio.

Agente barrial

Tanto en las plazas como en el patio trasero se mostrará el diálogo formal y material entre los diferentes alineamientos simbólicos, aquellos pertenecientes a las lógicas barriales paralelas al viario circundante al predio y las del propio recorrido dentro del edificio, escoradas 45° respecto a su eje longitudinal. El encuentro de estos recorridos fugados se pretende radicalmente como pieza de integración. El objetivo es abrir el Sitio de Memoria como un nuevo agente barrial y por eso las plazas invaden la escena, rompen las estructuras y habitan a futuro el objeto de memoria, pues es en la actitud de frontera donde se efectúa la distinción y la unión con el entorno (Morin, 2010). Las du

Las capacidades de ruptura de estos límites se potencian por la capacidad otorgada de interacción con aquellas dicotomías, participar del relato de contención/apertura/fachada a través de dos bastidores móviles dispuestos en el sector central de las pasarelas en una analogía de aquellos portones de los vagones originales. Esta intervención performática permite al visitante/habitante ir más allá de la recreación histórico-volumétrica y reconocer la asociación entre las estructuras y las fosas fundacionales de los vagones. Una vez resuelta la composición de la fachada principal a través de los distintos bastidores desfasados, se imponen los objetivos museográficos de unificación de recorridos, accesibilidad y protección del yacimiento junto a las búsquedas de sus cargas emotivas.

Proceso de Trabajo

El proceso de trabajo ha sido un revulsivo político y disciplinar para todas. Asumiendo la importancia que tenía, al menos en la corta distancia, hemos tomado el esfuerzo en la redacción de una documentación exhaustiva donde se pueda dar registro de los procesos de intercambio y toma de decisiones de esta sacudida. Con este proyecto empezamos a incorporar una denominación hacia un acompañamiento abierto (Alonso-Mallen, 2017), que nos ha permitido establecer un primer boceto metodológico para procesos de esta carga social. Una propuesta intencionada por la revisión de la fase crítica de los procesos técnicos que por ciertos momentos se muestran orgullosos de sus cajas negras, donde «se sabe lo que entra, se vislumbra, a veces, lo que sale, pero no se sabe claramente lo que ocurre en el interior» (Lefebvre, 1970).

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