IA-Arquitectura (I)

Más allá de la insignificancia de este espacio de descargo, cada vez vamos acomodando en mejor término su sentido como nicho de libertinaje: fuera de las normas de escritura académica a las que he tenido que rendir pleitesía en los últimos tiempos para mi propia producción, o con las que he tenido que evaluar trabajos de estudiantes. Esta web – que es archivo de nuestros quehaceres- debería también servirnos de espacio para tirar, cada tanto, una de esas tesis iniciáticas con más preguntas que respuestas, sin sentir culpa de su (palíndroma) insignificancia.

Hacia tiempo que había buceado en esta explosión mediática que ha supuesto la apertura de los motores de Inteligencia Artificial (IA) para la exploración onírica de imágenes a partir de un descriptor de texto. En un primer lugar por síndrome Fomo – o miedo a perderse algo; en nuestra autodenominada identificación como afiliados a las teorías de «cerojugadores», había que seguir en alerta por aquellas posibilidades de ampliar el sentido de capacidad de los procesos tan obscuros, obscenos y obcecados del diseño individualista. O sea, un casi conoce a tu enemigo, como nos ha ocurrido con las Smart Cities y sus derivados. En segundo lugar por curiosidad honesta, por juego compartido con algunos colegas de alevosía; la aparición de este tipo de motores en los que hay patrones de repetición reconocibles por redes neuronales, abre un mar de preguntas sobre como se pueden incorporar efectivamente a los procesos existentes de búsqueda de ideas, más concretamente en el mundo de estas arquitecturas que nos interesan. 

Este universo (como ocurre con los NFTs salvando lindas excepciones) tiene un tufo tan grande a paquetito de entrepeneur fachista, que te repele siquiera para su consideración, pero siempre fue ese gris morboso el que nos mantuvo despiertos, así que con esta entrada «(I)» inauguramos una seguidilla de reflexiones inconclusas.

Me imagino (/imagine) a Lefebvre hablando en estos tiempos de la transducción (1977) o la búsqueda del objeto posible y explotándole la cabeza…

El objetivo por tanto de estos comentarios no viene a servir de comparativa entre los sentidos privativos de algunas de estas propuestas «abiertas», de sus censuras o capacidades entre motores que hemos podido utilizar para el caso (Dall-E, Midjourney o DreamStudio), sino de puerta de entrada para reflexionar sobre en qué medida pueden implementarse como herramientas de exploración intermedias y bajo que política se suman como insumos probables para otros procesos mas complejos.

Basta de explicaciones. Vamos al primer hueso de imaginería.

El acercamiento a esta tecnología ha tenido a bien repetir el patrón de cualquier búsqueda juguetona: de una primera etapa de «Y sis…» con pretensiones humorísticas entre colegas, uno va transitando hacia su incorporación en los temas que le ocupan en la cotidiana. De aquella primera etapa tenemos a Mujica patinando en la Plaza de la Independencia, al Gauchito Gil Queer emergiendo de la Bahía de Montevideo, o la propia ciudad al estilo SimCity.

Por la enfermedad medio obsesiva que tenemos en el trabajo del grupo de Espacialidad y Memoria en Uruguay, concretamente en el acompañamiento al Sitio de Memoria «La Tablada Nacional«, era de recibo para esta etapa preguntarle a esta maquina reproductiva, qué es lo que podía visualizar cuando el input era un descriptivo apocalíptico del lugar (discúlpese la precaria traducción ;)):

the ex prision tablada nacional in uruguay exploding by the tupamaros

Luego de esa fase exploratoria, las preguntas empiezan a afinarse en subjetividades. Implementando la posibilidad de sacar variantes de imágenes existentes, les mandé un original de una perspectiva de la «Sala de Consignatarios» del edificio principal de La Tablada, donde había estado el Celdario Colectivo del Centro de Detención y Tortura (CCDyT), para que a partir de sus estructuras reconocibles, plantease variaciones generativas. Este ejercicio tenía para mí una carga a priori que me parece rescataba algo más que el juego de imágenes: ante las condiciones de aislamiento sensible que tenían las personas secuestradas en el centro clandestino, este enclave perfectamente podría haber sido descrito por las características de estas variantes pues las condiciones espaciales que una persona encapuchada privada de libertad puede reconocer, son casi idénticas. Son los detalles los que lo cambian todo en estas circunstancias. Precisamente por esto, los organismos represores aplicaron también prácticas de trasformación sobre la materialidad existente para que la suma de esos testimonios parciales nunca se encontrasen en un lugar común (Véase el ascensor en la ESMA). El espacio resultante de los testimonios de la personas que estuvieron secuestradas es el que permite – entre otras herramientas – conseguir un soporte probatorio para la judicialización de las causas de lesa humanidad y en esto, las fronteras entre el espacio sensible y el espacio real se diluyen, precisamente porque el espacio planificado (a posteriori) ha estado disponible para la impunidad de los perpetradores. Es decir, la fragilidad del espacio sensible es a su vez potencial para esta herramienta: todos estos espacios siguen siendo el Celdario Colectivo y si la materialidad probada no existiese, nadie podría negarlo, ni el espacio mismo ni los crímenes ocurridos.

Como remate para esta primera exploración, también quiero traer las dudas me hacen suponer estas herramientas para la composición de nuevas ideas de proyecto, aunque el método de producción de estas inteligencias sepamos que siempre parte de pre-existencias de bancos macro de datos. 

Entre dines y diretes, me encuentro trabajando con las compas del Abra para la generación de un proceso de territorialización de sus ideas de una comunidad en la Sierra de Minas (La Valleja, UY), otro cantar que ya me tomaré el tiempo de contar. Lo que me interesa en este sentido es cómo está ocurriendo el proceso de ida y vuelta para con ellas. Las primeras ideas que las personas encargadas del proyecto tienen con el lugar, es la recurrencia del formato de vivienda evolutiva con formas autoportantes – aka Geodésicas + Invernaderos. De vuelta no es objetivo de esta publicación replantear sus premisas, sino ver como la IA ha entrado en el proceso propositivo. Tomando unos criterios descriptivos básicos, le pedí a este conjunto de motores generativos que me encontrasen imágenes para los siguientes descriptivos:

A village in the Sierra de Minas (Uruguay) with houses in the form of a geodesic.

A house with a greenhouse on the roof cover by a geodesic.

Acá os comparto los diferentes resultados.

Hoy se me queda corto este espacio para sacar argumentos de lo que supone tener este banco de propuestas, a mí que nunca fui de las revistas de aquel pasillo inspirador que otras tantas usaban de la biblioteca de mi facultad. Prefiero traer un conjunto de preguntas al aire a partir del comentario (disculpas a Marcela y Mauro por la intimidad) de estas compañeras ante el envío de las imágenes de más arriba.

¿Cuánto tiene de pecado para el intelecto creador poder disponer de esta herramienta? ¿Es válida para la producción de un espacio colectivo? ¿Puede ayudar a reforzar un vinculo entre técnico acompañante y habitante?

Como dice un gran amigo, en la arquitectura la ética y la estética se entrecruzan. En el entendimiento que estas imágenes no son de nadie sino de todas (pues la máquina las genera a partir de nuestra plusvalía), la oportunidad es la misma que con otros grises de esta internet de las cosas: o nos posicionamos desde una radical liberación del proceso o el humo del diseñador contemporáneo puede convertirlo en apropiada estafa hasta que haya una conciencia colectiva de su existencia.

 

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